Que levante la mano quien tiene hijos que cuidan las rodillas de sus pantalones... ¿Nadie? Venga, alguien habrá... ¡Ahí estás! Pues no sabes la suerte que tienes.
Con fotos más o menos penosas, os voy a hacer un recorrido de mis idas y venidas con los agujeros de los pantalones, que se han chupado una cantidad considerable de mi tiempo. Al menos habrá que tomárselo con humor...
Empecé con ganas, entretelando tela de patchwork para darle cuerpo y cosiendo las rodilleras (y haciendo fotos malísimas).
Resultado: Duró dos puestas. Dos.
Alguna rodillera intenté arreglar de forma artística. Todavía tenía ganas y quería seguir la temática de los
pantalones de dinos. Me gustan mucho. Nos gustan mucho.
Resultado: Los agujeros se agrandaban, yo hacía pespuntes de refuerzo por aquí, por allí, por allá, por más allá... y la tela seguía deshaciéndose. Al final, claudiqué. Ahí tengo los Tau esperando un golpe de tijera y rodilleras nuevas. Los arreglaré para el pequeño.
Renegué entonces de la costura y me pasé al terciopelo termoadhesivo. Grueso y resistente. Atrapapelusas, sí. ¿Y qué?
Resultado: Aguantó en su sitio como un titán, se ensuciaba menos de lo esperado y ha llegado entero y más que decente a la caja de herencia. ¡Dino campeón!
Me vine arriba y tapé un pequeño agujero con un murciélago de terciopelo, y un segundo para adornar.
Resultado: Los agujeros se multiplicaban... Luna amarilla de emergencia. ¿Agujero en la otra rodilla?
Al ver que el terciopelo clarito era tan cochino, decidí probar con el vinilo textil normal, que no atrapa pelusas. La Patrulla Canina es acierto seguro, ya sabéis. Aunque no se aprecia, aproveché para probar qué tal aguantaban los rotus permanentes sobre el vinilo textil.
Resultado: Quemé el vinilo amarillo (temperatura aprendida), comprobé que los rotus permanentes aguantan el trote de roce y lavadora como el primer día y el símbolo de Marshall multiplicó por mil el atractivo de este pantalón, así que lo ha usado un montonazo. Se rompió la otra rodilla... Al punto verde sin remordimientos. ¡Todo un campeón este pantalón heredado!
En vista del éxito del vinilo textil, luego ya me he dedicado a hacer otras cosas en función del color del pantalón. Para uno morado, un dibujo simplificado de Mike.
Resultado: Ha aguantado genial. Llega a la lavadora comido de roña (foto 2), pero sale como nuevo (foto 1).
Las últimas han sido estrellas. Los ojos y las bocas los pinté a medias con mi hijo y habrían quedado mejor si lo hubiera hecho él todo... Me estreso cuando compartimos «lienzo».
Resultado: Cada vez que salen del cajón brillan en plan arco iris y suena «tantan-taran-tantantarantan-tantan-taran-tantantarantan...». Estos son irrompibles.
YA-HOO!
Resumen final: Estoy hartísima de agujeros en pantalones. El verde de la primera foto igual lo convierto en pantalón corto por puro aburrimiento de bregar con agujeros. ¡Y qué alegría que llegue el caloooooooooooooor! Quien me conoce sabe hasta qué punto estoy desesperada para decir esto, jajajaja.
Parcheteos rodilliles, hasta el próximo invierno.
Ah, por si os sirven, aquí os dejo los archivos PDF que hice yo y conservo:
murciélagos,
Mike y
estrellas.