Me pareció que una oveja quedaría la mar de bien. La pregunta era: ¿blanca o negra? ¿Negra o blanca? Ante la indecisión, opté por hacerlas las dos y la verdad es que quedaron muy graciosas. Eso sí, me pasó como con la chaqueta del monstruo: me harté de dar puntaditas en tanta curvita pequeña. Aaaaaargh.
El doblez de la camiseta hace que la negra parezca más pequeña, pero no lo es.
Me gustó tanto el resultado que decidí hacerle una igual a Unai en una camiseta verde que había comprado el mismo día que la azul donde hice el pingüino (foto aquí).
Creo que la de Unai me quedó mejor gracias a las cosas que aprendí con la primera. Las cabezas inclinadas le dan un rollo gracioso. Y al alternar los estrabismos (dentro-fuera), queda todo más equilibrado. Así que otra lección aprendida: los ensayos, con las camisetas de mis niños para que las de regalo queden mejor. Además, gracias a que me quedé yo con una, pude ver cómo aguantaba los lavados este diseño. En general, muy bien. Pero para los ojos y las narices usé un rotulador textil permanente de la marca Prym que es un horror. En dos lavados casi no quedaba rastro de la tinta. Le escribí a mi amiga para decírselo y parece que ella tenía un rotulador para retocar esos detalles, así que me quedé chafadilla pero un poco más tranquila. Al menos podrían seguir usándola sin que las ovejas parecieran zombis.
En la versión de Unai, coloqué las ovejas más abajo porque quería ponerles un bocadillo en el que se leyera «¡Beeee!», pero al final nunca lo hice. Igual se lo añado cuando salga de la caja para su segunda vida con Elio.
Siguiente proyecto: la camiseta gris del otro mellizo.